. . .

-Nuestra Iglesia en Misión permanente-

En el número anterior nos concentramos en la afirmación: “no es que la Iglesia tenga una misión, sino que es la misión que tiene una Iglesia”, para reafirmar que la Iglesia está al servicio de la misión y no al revés. Ahora queremos invitarlos a recordar que todos somos Iglesia, y por tanto todos estamos al servicio de la misión, o como suele repetir el Papa Francisco, somos una misión.

La razón de la afirmación del Papa, tiene dos ideas fundamentales. La primera y más profunda, reconoce que la misión brota del encuentro alegre con el Señor. Las personas que se encontraban con Jesús, experimentaban en sí mismas, una transformación que no podían callar lo vivido con Él. Estos encuentros producían enorme alegría y es lo que ellos comunicaban a los demás. Por ello nos decía el Papa: “Invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso” (EG 3). El cristiano, alegre por el encuentro transformador con Cristo, se convierte en una misión de alegría para los demás. Si no estamos siendo una misión en nuestro entorno, es momento de revisar nuestro encuentro con el Señor. Aquí radica el fundamento más profundo de nuestro “ser una misión”: nos hemos encontrado con el Señor.

Una segunda idea, presente en este” ser una misión”, es que además de ese encuentro con Cristo, la misión parte de nuestro bautismo. Como bautizados y bautizadas somos enviados, como lo recordó el lema del octubre misionero del año recién pasado. El bautismo, no sólo es renacer a una vida nueva, sino también es asumir con pasión, la pasión que el Resucitado tiene por la salvación del mundo y por hacer que crezca el amor en medio de la humanidad. Esto nos exige que los cristianos volvamos a mirar el bautismo no sólo como un rito de tradición familiar, sino como un sacramento que se abre a la misión. Es verdad que el bautismo de niños pequeños no puede evidenciar esta idea, pero es lo que los padres y padrinos se comprometen cuando piden el sacramento para sus hijos. Es un caminar que se inicia en el encuentro con Cristo y en la fuente bautismal y que se abre al servicio de la misión en un mundo tan herido como en nuestros días. 

Somos una misión, la misión es parte de nuestra identidad cristiana y debemos procurar fortalecerla día a día a nivel personal, familiar y comunitario. Dejar la dinámica en salida, es renunciar a lo que verdaderamente somos. No comunicar la alegría que nos produce el encuentro con Cristo, sería un egoísmo o bien, sería signo que no nos hemos encontrado verdaderamente con el Señor. “Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor” (Jn 20, 20)

  1. Ronald Flores CSSR

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Close
Menu