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Como Iglesia Latinoamericana y del Caribe nos encontramos en un proceso que conduce a la 1ª Asamblea Eclesial del continente, bajo este sugerente lema: «todos somos discípulos misioneros en salida». Este lema contiene conceptos que son fundamentales en el camino de la conversión misionera y nos ayudan a renovar la pastoral de cada una de nuestras comunidades.
En esta oportunidad nos centraremos en la primera palabra: «Todos».
P. Ronald Flores, párroco San Alfonso, Cauquenes.

El camino de renovación misionera parte por este principio. En la Iglesia, así como no existen cristianos o cristianas de primera o segunda categoría, tampoco existen personas que sean responsables de la misión y otras que no. La misión es una tarea de «todos». Esta afirmación exige superar una actitud que ha afectado a la Iglesia desde aprox. El s. VI y que tiene que ver con la excesiva responsabilización de unos, y la des-responsabilización de otros. Muchas veces se ha entendido que en la Iglesia unos son los responsables de la misión (Papa, Obispos, sacerdotes) y otros (los laicos) son, en el mejor de los casos, «colaboradores», o agentes pasivos en la misión. Esto está aún muy presente en las comunidades y muchos laicos se siguen sintiendo como ayudantes de los sacerdotes, y no pocos sacerdotes se sienten los únicos responsables o en algunos casos más extremos, los dueños, del caminar de la comunidad cristiana.

Esto en su punto más grave ha generado en la Iglesia el clericalismo, en sus dos vertientes: clericalismo en sacerdotes (todo lo decide el sacerdote, porque él se atribuye ese poder exclusivo) o bien, en el clericalismo de los laicos (no se sienten responsables de la misión y no actúan de modo adulto en su relación con los sacerdotes, no asumiendo el protagonismo que les corresponde).
El proceso de esta Asamblea Eclesial Latinoamericana y del Caribe, es un proceso enmarcado en el camino sinodal (caminar juntos) que tanto ha impulsado el Papa Francisco. Este «todos» nos invita a asumir la misión como tarea de cada miembro de la Iglesia y este camino lo realizamos «juntos», en una comunidad que valora la diversidad sus carismas (dones) y ministerios (servicios). No se trata que unos caminen por un lado y otros por otro, sino todos en comunión. Esto es válido en todos los niveles de la Iglesia.
Esta asamblea eclesial quiere ser un espacio de escucha y discernimiento pastoral no sólo entre los obispos (como lo son las conferencias del episcopado), sino de todo el Pueblo de Dios, laicos y pastores. Lo mismo podemos decir de cada comunidad cristiana (parroquias o capillas), donde los animadores laicos o párrocos tienen la hermosa misión de involucrar a la mayor parte de personas en la búsqueda del camino misionero de cada comunidad. Esto es caminar juntos sintiéndose TODOS corresponsables y partícipes en la misión.
El proceso de escucha al que se nos convoca como comunidades es precisamente una consecuencia de este camino sinodal, estamos llamados a dar nuestra voz, porque reconocemos que la misión es tarea de todos, pero también porque somos conscientes que el Espíritu actúa en cada uno de nosotros. No escucharnos entre nosotros, es no escuchar la voz del Espíritu que habla a la Iglesia a través de cada uno de nosotros. Cada uno de nosotros tiene algo que aportar a este proceso, para que, como Iglesia, en su conjunto, seamos cada vez más corresponsables con la misión, y asumamos con mayor fuerza nuestra participación en su caminar

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