Queridos hermanos:

En las últimas semanas hemos vivido momentos muy dramáticos y asimismo históricos. 

La crisis social que comenzó el 18 de octubre recién comienza a tomar un camino institucional, que esperamos nos lleve a establecer una nueva Constitución y en definitiva a una mejor convivencia social en que el hombre y la mujer ocupen el lugar central. 

Anhelamos que esta Carta Magna pueda recoger y expresar mejor la pluralidad de miradas y opciones de quienes formamos esta nación, de manera de definir los criterios compartidos por las grandes mayorías sociales que nos permita vivir en paz, justicia, libertad, progreso y respeto mutuo. 

Ciertamente que este camino es complejo y no estará exento de grandes tensiones y dificultades. Pero es posible si existe la voluntad y la decisión de buscar esos grandes acuerdos que el país necesita con urgencia para construir un nuevo Chile, con rostro más humano, más fraterno, más solidario. 

La Iglesia, como siempre, ha estado muy cercana a estos acontecimientos. A pesar de no aparecer en los medios sociales, ha estado acompañando a los chilenos y chilenas que han sufrido la violencia desatada e inhumana de las últimas semanas, visitando a los heridos, orando por los que han perdido la vida, consolando a los miles que sufren el miedo, la incertidumbre y la pérdida de sus fuentes de trabajo. 

Ha estado muy cerca de los dirigentes sociales de todo los niveles y condiciones para animarles a buscar acuerdos que conduzcan a la anhelada paz social.

Ha sufrido también la destrucción vandálica de templos y centros pastorales, los cuales han estado siempre al servicio de la comunidad y de los más necesitados. 

Chile es consagrado a la Virgen del Carmen

En esta hora de crisis, la Iglesia de Jesucristo ha recurrido con mayor fe al Señor, el Príncipe de la Paz, la fuente de la justicia y del amor verdaderos. 

Son incontables las cadenas de oración que a todo lo largo de la patria nos han unido en la plegaria humilde pero plena de fe. 

Ha sido providencial que esta crisis ha estallado en los días de Mes de María. Cada día, en torno al altar de la Madre, en todos los rincones del país, nos hemos reunido como hermanos para pedir por Chile, por la paz y por nuestras autoridades, quienes tienen la ineludible responsabilidad de conducir el país hacia la normalidad democrática. 

En este contexto, la Conferencia Episcopal de Chile, escuchando el clamor de todo el Pueblo de Dios, ha querido consagrar nuestra amada nación a la protección de la Virgen del Carmen, Reina y Madre de Chile.

Así lo hicieron los Padres de la Patria al luchar por la Independencia Nacional en el lejano 1818. Por eso se alza imponente el Templo Votivo de Maipú como testimonio imperecedero de la gratitud del pueblo hacia la Madre cuya intercesión nos alcanzó la Independencia y la paz. 

En esta etapa refundacional de la Nación, los chilenos y chilenas acudimos con fe y confianza a la Madre de Dios para pedir su auxilio y su protección. 

En portada de esta edición está la imagen oficial de esta Consagración, en que la Virgen del Carmen aparece rodeada del desierto florido, como imagen del nuevo Chile que deseamos ver florecer en armonía, paz, hermandad y justicia. 

La Consagración se realizará en todas las Misas del domingo 8 de diciembre, por lo que muchos podrán participar personalmente. Desde ya los invito a asistir en su parroquia, capilla o santuario. 

La Peregrinación de la imagen de Fátima

No puedo dejar de mencionar el maravilloso regalo divino que tuvimos con ocasión de la Visita de la imagen de Fátima a nuestra diócesis

Como sabemos, al cumplirse los 100 años de la Aparición de la Virgen a los 3 pastorcitos, Lucía, Jacinta y Francisco, ya santos los dos últimos, desde el Santuario en Portugal se dispuso que replicas idénticas a la oficial recorrieran el mundo entero, como una manera de extender la alegría y las bendiciones de este acontecimiento a todo el orbe católico. 

En Chile está desde septiembre y a nosotros nos correspondió recibirla durante la semana del 18 al 25 de noviembre. 

Fue una fiesta de fe, gozo y esperanza.  Mantener a la izquierda como sub título

Por todos los rincones de la diócesis el paso de la imagen fue regalando bendiciones a miles de fieles que acudieron a venerarla, especialmente de los enfermos, los pobres, los ancianos, los niños. Lo que allí ocurrió es imposible de expresarlo ya que es la gracia de Dios que actúa directamente en el corazón de los fieles. Algunas fotos y datos están recogidos en las páginas centrales de esta edición. 

En camino al nacimiento del Salvador. Mantener a la izquierda como sub título

Finalmente, estamos ya en Adviento, tiempo de esperanza. El Hijo de Dios viene a nosotros, como servidor de los pobres y de la humanidad desgarrada por los efectos del pecado, como luz en medio de las tinieblas. 

Preparemos nuestro corazón para acogerlo con mucho amor, humildad y fe.

Él es nuestra Paz. En él encontramos las fuentes de la reconciliación, la justicia y la paz. 

Oremos por nuestra conversión. Oremos por la conversión de aquellos que creen poder mejorar el mundo a través de la violencia. Oremos por aquellos que tienen la responsabilidad de conducir este proceso en Chile. 

Les deseo a todos una Muy Feliz Navidad, y que la alegría y el amor de esta fiesta se extienda para llegar a todos los que conformamos esta tierra que está llamada a ser tierra de hermanos, una copia feliz del Edén.

Les bendice en la alegría de la Navidad, 

+Tomislav Koljatic M.

Obispo de Linares

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