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Una señora venezolana, que llevaba solo unos meses en Chile, decía en un taller sobre movilidad humana, que a ella le había llamado mucho la atención lo que los chilenos vivíamos en septiembre. Primero todos se pelean y se manifiestan con violencia el día 11; una semana después todos celebran, cantan y bailan como si nunca hubiesen peleado y al finalizar el mes, muchos están rezando por la patria. Este es el Chile que reflejamos. Ciertamente tenemos, especialmente los cristianos, mucha tarea por hacer. Amar nuestro país es mucho más que mantener las tradiciones de este mes. Amar Chile es sobre todo una tarea que se debe construir día a día, en diálogo y en el respeto de todas las diversidades que se encuentran en esta hermosa, larga y angosta franja de tierra. 

Vivimos como país un proceso histórico, lleno de esperanza, donde todos esperamos que los frutos de la Convención Constitucional, sean frutos que nos ayuden a sentirnos representados. Nosotros no podemos ser espectadores de este proceso, sino protagonistas. Debemos cuidar el camino que realiza el país, y que también puede ser enturbiado por quienes no quieren construir un país más justo y fraternal. En este mes de la Patria, para los cristianos, debiesen sonar con más fuerza la invitación de Pablo a rezar por los gobernantes (1Tim 2,1-8) y por quienes tienen responsabilidades especiales con la marcha del país. Ser un cristiano o cristiana chilena, es demostrar ese amor, pidiendo a Dios que nos ayude a construir un Chile donde todos puedan crecer y desarrollarse con equidad. ¡Viva Chile!

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