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La misión como servicio a la paz y la fraternidad (Parte III)

(Fratelli Tutti, capítulo 8)

Hace algunas semanas atrás se realizó en Kazajistán el 7º Encuentro de Líderes de religiones mundiales y tradicionales en el cual participó el Papa Francisco. El encuentro estuvo centrado en profundizar en el rol que las religiones tienen en la construcción de la paz, objetivo muy urgente de alcanzar en estos tiempos.

Al mirar la historia, incluso la de las propias familias, no son pocos los momentos en los cuales la religión ha sido motivo de división y de guerras. Esta es una contradicción profunda, pues como recuerda el Papa: «El culto a Dios sincero y humilde “no lleva a la discriminación, al odio y la violencia, sino al respeto de la sacralidad de la vida, al respeto de la dignidad y la libertad de los demás, y al compromiso amoroso por todos”» (FT 283). El terrorismo que utiliza la religión como escudo para sembrar terror, haciendo malas interpretaciones de textos religiosos, no puede ser avalado hoy por nadie. Tampoco en medio de las familias, las divisiones originadas por malas comprensiones de textos sagrados, o por lecturas erradas de tradiciones religiosas, no pueden ser aceptadas como camino de defensa de las propias creencias. La religión no puede ser causa de violencia, sino de diálogo.

No cabe duda de que, en este contexto, es muy importante la responsabilidad de los líderes religiosos en diferentes niveles.

Muchas veces los conflictos surgen precisamente de la imprudencia de ellos y de cómo pueden crear conflictos utilizando la religión, pero con finalidades más políticas o de concentración de poder. Al respecto señala el Papa: «los líderes religiosos estamos llamados a ser auténticos “dialogantes”, a trabajar en la construcción de la paz no como intermediarios, sino como auténticos mediadores.

Los intermediarios buscan agradar a todas las partes, con el fin de obtener una ganancia para ellos mismos. El mediador, en cambio, es quien no se guarda nada para sí mismo, sino que se entrega generosamente, hasta consumirse, sabiendo que la única ganancia es la de la paz. Cada uno de nosotros está llamado a ser un artesano de la paz, uniendo y no dividiendo, extinguiendo el odio y no conservándolo, abriendo las sendas del diálogo y no levantando nuevos muros» FT 284).

Esta realidad es aplicable incluso en los espacios más pequeños donde vivimos nuestra fe: la parroquia y la comunidad de base. Como ministros, o animadores, estamos llamados a trabajar por la paz con otros hermanos con los cuales compartimos la vida, sean ellos católicos, evangélicos, de otras religiones o ateos. Nuestra misión es ver que la religión está llamada a ser un puente para la paz y esta paz se construye con el diálogo sincero y abierto, respetando la libertad de religión que todos tenemos.      Pbro. Ronald Flores Soto. Párroco de San Alfonso, Cauquenes

 

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