
Este mes se cumple un año de la llamada explosión social de octubre.
Todavía está en nuestra retina y en nuestra memoria esos días de manifestaciones sociales en las cuales millones de chilenos y chilenas salieron a las calles en todas las ciudades del país para expresar su malestar y sus anhelos de cambios y reformas sociales, económicas y políticas.
A partir de esa jornada histórica, se sucedieron hechos de mucha violencia verbal, pero sobre todo material, expresada en la destrucción de infraestructura pública y privada, particularmente en el Metro de Santiago, en que 118 estaciones fueron atacadas, saqueos a supermercados y locales comerciales, destrucción de Iglesias, interrupción violenta y tomas de calles y ocupamiento de lugares públicos, como la simbólica Plaza Italia en Santiago.
Durante estas manifestaciones hubo enfrentamientos entre la fuerza pública y los manifestantes que provocaron muertes y lesiones físicas muy graves, expresiones de violencia que no veíamos desde hacía muchas décadas en Chile.
Como recordamos, este proceso se fue polarizando muy rápidamente amenazando gravemente la paz social e incluso el caminar democrático del país, como pocas veces lo habíamos visto en la historia de la Patria.
Ante esta situación de desgobierno generalizado, los líderes políticos lograron sentarse a la mesa para dialogar y buscar una salida pacífica y democrática a esta crisis nacional.
Esto se tradujo en el “Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución” firmada por los principales partidos políticos el 15 de noviembre del 2019.
En ese Acuerdo se estableció que la solución al conflicto pasaba por fijar un cronograma de acciones, la primera de ellas la consulta a la ciudadanía en Plebiscito preguntando si se quería mantener la Constitución actual o cambiarla, el cual se fijó para abril del 2020. Dada la pandemia del coronavirus, esta fecha fue cambiada para este 25 de octubre.
Así entonces, en este día todos los chilenos y chilenas mayores de 18 años seremos convocados a participar con el instrumento más poderoso de toda democracia: el voto.
Algunas consideraciones generales
La Iglesia existe por voluntad de Cristo “para anunciar el Evangelio hasta los confines de la tierra”. Esta misión busca “servir al hombre y a todo el hombre”. “Así, los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de los que sufren, son los de los discípulos de Cristo” (Concilio Vaticano II, GS,1).
El Papa Benedicto XVI señalaba en su primera Encíclica Caritas in Veritate 9: “La Iglesia no tiene soluciones técnicas que ofrecer y no pretende de ninguna manera mezclarse en la política de los Estados. No obstante, tiene una misión de verdad que cumplir…en favor de una sociedad a medida del hombre, de su dignidad y de su vocación”.
Es por ello que la Iglesia acompaña a los hombres y mujeres para formar las conciencias, para animar a los laicos a construir este mundo según los valores del Evangelio de Jesús: el respeto a la vida y a los derechos de toda persona humana, construyendo la vida social basados en la justicia, la verdad, la libertad y la caridad.
En concreto, esta vocación social de la Iglesia y de sus fieles, se concretiza en la participación en los procesos democráticos que nos hemos dado.
No está de más recordar que la Iglesia proclama que el sistema democrático, con su división de poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, más otros mecanismos de control y equilibrio, especialmente la existencia de una prensa libre, actualmente es la forma deseable de gobierno de los pueblos. Alguien ha dicho que es la forma menos mala de gobierno que conocemos.
De hecho, la Humanidad ha experimentado siglos de historia regida por otros sistemas no democráticos, muchos de ellos sostenidos por la violencia y la opresión, y que no se condicen con nuestra dignidad humana ni los Derechos Humanos, y que solo han traído sufrimientos, dolor y frustración a los pueblos.
Por ello, todo fiel está invitado a participar activamente de este y de todo evento democrático, en el cual podamos aportar en la construcción del Bien Común.
Algunas consideraciones particulares
No basta que los ciudadanos sean convocados a votar. Se requiere de algunas condiciones básicas que garanticen la validez de los resultados de las urnas.
La más importante es que todos podamos participar de una manera libre e informada, sin presiones ni amenazas de ninguna especie.
En estas semanas podremos escuchar y ver muchos debates, foros, intercambios de ideas, para poder tomar una decisión en conciencia, que se traduce en Aprobar o Rechazar el cambio de la actual Constitución Política del Estado del 2005 y cómo se prefiere que sea el órgano que deba escribir esa Nueva Constitución, solo formada por actuales legisladores del Congreso o poder elegir la mitad de esos redactores libremente. Es deber de cada uno el informarse personalmente de las opciones que se ofrecen.
En segundo lugar, la democracia y sus instituciones, son una obra humana, y por ello imperfecta, siempre sujetas a evaluación, corrección y mejoramiento.
En este proceso de mejoramiento permanente de la democracia, el único camino aceptable y correcto es el del dialogo, el intercambio de opiniones y de ideas, el debate y finalmente los acuerdos que al menos ratifique la mayoría de los votantes.
En este sentido, la democracia es incompatible con toda forma de violencia, coerción, amenaza verbal o física. En este sentido debemos recordar que el fin no justifica los medios.
Por ello, una tercera consideración es que, si busco un fin justo, debo usar medios justos. En caso contrario, mi acción es moralmente ilícita.
En este caso se trata que para mejorar la Constitución debemos actuar sin violencias, presiones o engaños.
Al contrario, debemos cultivar una amistad cívica, esto es, debemos colaborar para escucharnos con respeto, ponernos en la posición del otro, conservar el buen trato y el lenguaje verdadero, no difundir mentiras, calumnias, fakenews, para construir desde la verdad y la justicia.
Finamente, la invitación es a participar de este trascendental proceso social que estamos viviendo. De cada uno de nosotros depende el éxito o fracaso de este camino. Votar es un deber cívico y cristiano.
Como creyentes en un Dios que se hizo hombre y que entró en nuestra Historia para cambiarla desde dentro, asumiendo sus conflictos y desafíos, no es posible “balconear la vida”, como dice el Papa Francisco, no es cristiano mirar desde la ventana lo que afuera ocurre y que también a mí me interpela.
Con renovada audacia, fundada en la fe, la esperanza y la caridad, debemos ser constructores de un mundo nuevo, más digno de Dios y de los hombres, que tenga en el centro el cuidado de cada persona, independientemente de su género, raza, condición social, creencias, edad, opciones de vida.
Al Señor de la Historia, el que nació de María, y nos llama a construir ese reino de Dios aquí en la tierra, invocamos insistentemente y le pedimos nos ilumine y seamos capaces de avanzar por sendas de dialogo, de justicia y de paz.
Se lo pedimos a través de María, en este Mes del Rosario.
Les bendice,
+Tomislav Koljatic M.