
Durante los últimos años hemos venido escuchando permanentemente las consecuencias climáticas y la urgencia del cuidado de la creación. El Papa Francisco en 2015 nos ha regalado la primera encíclica sobre la ecología integral «Laudato si», animando a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, en especial a los cristianos, a ser verdaderos «custodios» de la creación, recalcando que custodiar no es someter, sino cuidar con cariño un don que no nos pertenece. En el mismo documento, el Papa nos recuerda una y otra vez la dependencia que existe entre todos los seres de la creación y, sobre todo, que el grito de la tierra es también el grito de los pobres.
Este año, al conmemorarse 50 años de la declaración del «Día de la tierra», la familia ecuménica nos ha invitado a celebrar el tiempo de la creación (1 sept – 4 de oct), como un verdadero «Jubileo de la tierra». En esta ocasión, el Papa ha escrito un mensaje donde nos invita a volver al Dios creador y escuchar el grito de la tierra; a contemplar los efectos que ha tenido el descanso de la tierra, producto del confinamiento en este tiempo de pandemia; y a reparar el daño que hemos causado entre todos a la armonía de la creación. Los grandes daños sufridos por nuestra tierra, es la suma de los pequeños daños personales que cometemos día a día, por ello, urge un cambio en el estilo de vida de quienes habitamos esta hermosa tierra.
La misión que tenemos como cristianos, es también una misión con la ecología integral. Hemos sido constituidos custodios de la creación y no hemos sabido cumplir con esta tarea. Al contrario, la hemos devastado sólo pensando en nosotros. El compromiso cristiano con la creación tiene siempre una perspectiva social, pues el grito de la tierra es siempre un grito de los más pobres, que son quienes más sufren las consecuencias de los desastres ambientales y es también una responsabilidad intergeneracional, pues tenemos que preguntarnos qué planeta le estamos heredando a las nuevas generaciones.
Cada comunidad cristiana, cada parroquia, debiese sentirse impulsada a cuidar la creación, a «meter» las manos en la tierra, a comprometerse con el reciclaje, a transformarse en una «parroquia verde». Para ello, es necesario, como lo ha señalado el Papa Francisco, que nos transformemos en contemplativos de la creación, pues este es el punto de partida para una relación más armoniosa con el regalo que Dios nos ha dado. Que este tiempo de la creación, especialmente en esta estación de la primavera, nos ayude a descubrir que ser misionero, es también cuidar y custodiar lo que Dios ha puesto en nuestras manos. Pbro. Ronald Flores Soto