. . .

Oraciones

El Padre Nuestro

Padre nuestro que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra
como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Amén.

Ave María

Dios te Salve, María,
llena eres de gracia;
el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.

El Gloria

Gloria al Padre
y al Hijo
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén.

La Salve

Dios te Salve,
Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura
y esperanza nuestra,
Dios te salve.
A ti llamamos los desterrados
hijos de Eva;
a ti suspiramos, gimiendo
y llorando, en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora,
abogada nuestra,
vuelve a nosotros esos tus ojos
misericordiosos,
y, después de este destierro,
muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.
¡Oh clemente, oh piadosa,
oh dulce Virgen María!

Credo de los Apóstoles

Creo en Dios, Padre todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo,
su único Hijo, nuestro Señor,
que fue concebido por obra
y gracia del Espíritu Santo,
nació de Santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
fue crucificado, muerto y sepultado,
descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó
de entre los muertos,
subió a los cielos y
está sentado a la derecha de Dios,
Padre todopoderoso.
Desde allí ha de venir a juzgar
a los vivos y a los muertos.
Creo en el Espíritu Santo,
la santa Iglesia católica,
la Comunión de los Santos,
el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne
y la vida eterna.
Amén.

Acto de contrición

Pésame, Dios mío,
y me arrepiento de todo corazón
de haberte ofendido.
Pésame por el infierno que merecí
y por el cielo que perdí,
pero mucho más me pesa
porque pecando ofendí a un Dios
tan bueno y tan grande como tú.
Antes querría haber muerto
que haberte ofendido,
y propongo firmemente no pecar
más y evitar todas las ocasiones
próximas de pecado.
Amén.

La Regina Coeli

Alégrate, reina del cielo, aleluya.
Porque el que mereciste
llevar en tu seno; aleluy
a. Ha resucitado, según predijo;
aleluya.
Ruega por nosotros a Dios;
aleluya.
Gózate y alégrate,
Virgen María; aleluya.
Porque ha resucitado
verdaderamente el Señor;
aleluya.
Oración:
Oh Dios,
que por la resurrección de tu Hijo,
nuestro Señor Jesucristo,
te has dignado dar la alegría al mundo,
concédenos que por su Madre,
la Virgen María,
alcancemos el goce de la vida eterna.
Por el mismo Cristo Nuestro Señor.
Amén.

El Ángelus

El ángel del Señor anunció a María.
Y concibió por obra del Espíritu Santo.
Dios te salve, María…
He aquí la esclava del Señor.
Hágase en mí según tu palabra.
Dios te salve, María…
Y el Verbo se hizo carne.
Y habitó entre nosotros.
Dios te salve, María…
Ruega por nosotros Santa
Madre de Dios.
Para que seamos dignos de alcanzar
las promesas de nuestro Señor Jesucristo.
Oración:

Infunde, Señor,
tu gracia en nuestras almas,
a fin de que habiendo conocido
por la voz del Ángel
el Misterio de la Encarnación
de tu divino Hijo, podamos,
por los méritos de su Pasión
y de su cruz,
alcanzar la gloria
de la Resurrección.
Por Cristo, nuestro Señor.
Amén.

El Ángel de la Guarda

Ángel de mi guarda dulce compañía
no me desampares
ni de noche ni de día.
No me dejes sólo que me perdería.
Amén.

Oración al Espíritu Santo

Ven, Espíritu Santo,
llena los corazones de tus fieles
y enciende en ellos el fuego de tu amor.
Envía, Señor, tu Espíritu y
serán creados.
Y renovarás la faz de la tierra.
Oración:
Dios, que has iluminado los corazones
de tus fieles con la luz del Espíritu
Santo,
danos el gustar todo lo recto
según el mismo Espíritu
y gozar siempre de su consuelo.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.  

El Magníficat

(Lucas 1:46-55)
Mi alma canta la grandeza del Señor,
mi espíritu festeja a Dios mi salvador,
porque se ha fijado en la humildad
de su sirvienta y
en adelante me felicitarán
todas las generaciones.
Porque el Poderoso
ha hecho grandes cosas por mí,
su nombre es santo.
Su misericordia con sus fieles
se extiende de generación
en generación.
Despliega la fuerza de su brazo,
dispersa a los soberbios en sus planes,
derriba del trono a los poderosos
y eleva a los humildes,
colma de bienes a los hambrientos
y despide vacíos a los ricos.
Socorre a Israel, su siervo,
recordando la lealtad,
prometida a nuestros antepasados,
en favor de Abrahán
y su descendencia para siempre.