Mes Misionero Extraordinario

Preparemos el mes Misionero Extraordinario

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El Padre, fuente y origen de la Misión.

Pbro. Ronald Flores, CSSR.

El Papa francisco ha convocado a toda la Iglesia a celebrar un mes misionero extraordinario en octubre de este año, a fin de fortalecer la conciencia misionera de la Iglesia, tanto a nivel universal como local. Uno de los aspectos que pide resaltar en este tiempo, es el de la formación misionera de todos los miembros de la Iglesia. En este espacio que iniciamos, queremos dedicar algunas reflexiones que contribuyan a este propósito y lo haremos desde reflexionando brevemente sobre el origen la misión. Logo Mes Misionero
El origen de la misión está en Dios Padre, y de modo particular, en su amor por la humanidad. En la 1ª carta a Timoteo, San Pablo nos recuerda que «Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad» (1 Tim. 2,4) y en la misma línea, San Pedro, en su segunda carta, nos dice que Dios «tiene paciencia con ustedes porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan» (2 Pe. 3,9). Este amor/pasión por la humanidad, es lo que hace que Dios salga de sí mismo (misión como salida) para encontrarse con los hombres y mujeres de todos los tiempos. Ese mismo amor lo llevó a crear todo y poner al hombre en el centro de la creación; lo movió a liberar a su pueblo de la esclavitud de Egipto y al final de los tiempos, fue esa pasión la que hizo que se comunicara con la humanidad enviando a su propio Hijo.
Reconocer que en el amor del Padre está el origen de la misión, nos debe llevar a profundizar nuestra relación como hijos e hijas amados por Él y a renovar nuestro compromiso misionero con esta buena noticia. ¡Dios nos ama!, así lo expresó en la muerte y resurrección del Señor y así lo sigue manifestando en cada uno de los acontecimientos de nuestra vida. Sólo un hijo y una hija que se siente amado/a por el Padre, será capaz de transmitir este centro del mensaje predicado por Jesús. El Papa Francisco ha recordado permanentemente esta necesidad de hablar de Dios desde la ternura, que nos ayude a sentirnos amados por el Padre y a recordar que amamos a los demás en su nombre. Este es nuestro primer compromiso con la misión.

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