Falleció Don Daniel Cerda Urrutia, Diácono Permanente

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Nuestra Iglesia está de luto:

El viernes 26 de julio, a los 69 años, falleció Don Daniel Antonio Cerda Urrutia, Diácono Permanente de nuestra Iglesia Diocesana. Su deceso se produjo, luego de una semana internado en el Hospital Base de Linares, afectado por un accidente cerebro vascular severo, poco a poco sus signos vitales se fueron apagando, hasta que el Padre Dios le llamó a su merecido descanso eterno.
Sus restos mortales fueron velados en la Iglesia Nuestra Señora del Rosario, donde junto a su familia desarrollaba su apostolado.
Don Daniel Antonio junto su esposa Vanesa Godoy y sus hijos María Raquel y Felipe, formaron una hermosa familia, viviendo la alegría de recibir a su nieto.
Reconocido en toda la Diócesis por su intenso trabajo en Pastoral Social Caritas Linares, a cargo de diferentes proyectos y pastorales específicas, como Pastoral del Migrante, Campañas de Cuaresma de fraternidad,…destacando en Pastoral del trabajo, apoyando y acompañando la formación y negociación de diversos sindicatos, a la par trabajando con Inspección del Trabajo, coordinando la Escuela Sindical. Siempre listo para ayudar en diversas emergencias y catástrofes naturales… el Tío Dani como le llamaban los chiquillos de Pastoral Juvenil, con quienes trabajó codo a codo.
El 6 de agosto de 2011, recibió el orden Diaconal, acompañando con sencillez y mensaje Evangélico, el caminar de muchos grupos, capillas, movimientos y servicios.
Así también desde el año 2014, destacó como Asesor Diocesano de Kolping Linares, acompañando a las familias de esta Obra, en sus reuniones, celebraciones y de manera personalizada, ganándose el respeto y el cariño de quienes le rodeaban.

“Gracias a la vida que me ha dado tanto” 


Seguramente en el corazón de nuestro querido hermano Daniel, la frase de esta canción tan conocida, ha sido repetida muchas veces… Gracias a la vida, que en cristiano podemos traducir gracias a Dios, que le dio “tanto” y en ese tanto, está su viva, su vida de fe, su vida familiar, su vida en relación a familiares, amigos, compañeros de trabajo donde, sin duda, fue portador de bondad, de esperanza, de alegrías, anuncio de Jesucristo quien lo fue modelando y atrayendo, hasta responder con un “si” en el diaconado permanente, ministerio en el que se comprometió a servir a la Iglesia, a colaborar para servir al pueblo de Dios en la liturgia, acompañando a comunidades, cooperando en distintos ámbitos: salud, en la parte social, laboral, etc.
Queremos “dar gracias” al Señor, por haberlo conocido, por haber compartido con él muchos momentos donde pudimos conversar, alargar un rico café con alfajores, pudimos intercambiar experiencias, anhelos, preocupaciones, sufrimientos, esperanzas. Queremos hacer memoria del amigo, del hermano.
Por eso, amigo y hermano Daniel, gracias por su testimonio de servicio sencillez y fidelidad. Descanse en la paz y el gozo del Señor junto a María, nuestra madre y a todos los hombres y mujeres que han transitado los caminos del Señor, amando y sirviendo.

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