Este Niño necesita una Casa

Hermosos y emotivos momento se vivieron, el sábado 24 de noviembre, en la Dedicación de la Parroquia Niño Jesús de Villa Alegre y reapertura del Templo, dando la bienvenida a todas las comunidades parroquiales. En esta edición compartimos la Homilía de Mons. Koljatic, quien destacó la importancia de recuperar esta estructura al servicio de la Evangelización y la unión de la comunidad.
En la Eucaristía concelebró gran parte del clero diocesano y junto a la masiva asistencia de las comunidades participaron Autoridades Nacionales, Regionales, Provinciales, Comunales de Villa Alegre y San Javier, Civiles, Uniformadas y de Voluntariado.


Queridos hermanos:


Hoy es un día histórico, largamente esperado por esta comunidad villalegrina.
Luego del terrible terremoto del 27 de febrero del 2010, que devastó al Chile central, y que entre tantos otros males destruyó este histórico Templo parroquial, el dolor, la tristeza y la aflicción se apoderó de todos los fieles y vecinos de esta hermosa tierras de viñedos, frutales y suaves lomajes.
Sin embargo, a pesar de los devastadores efectos del sismo, ya sea en las propiedades particulares como en las públicas, la esperanza nos mantuvo en pie y nos sostuvo con una irrenunciable convicción de que debíamos luchar, orar y trabajar para reconstruir nuestro histórico templo parroquial del Niño Jesús de Villa Alegre.
Es así que esa misma noche, el P. Erasmo Salazar, junto a feligreses, autoridades y vecinos notables aquí presente, comenzaron la ardua tarea de mantener y salvar lo que no fue destruido, de ponerlo a buen resguardo y luego a comenzar con la primeras gestiones y trabajos necesarios para doblegar una vez más la fuerza de la naturaleza que con tanta porfía se hace presente una y otra vez en esta tierra amada.
Hoy, después de 8 arduos años de privaciones, esfuerzo y oraciones, el sueño de ver reconstruido nuestro Templo es una hermosa realidad.
Como creyentes damos gracias en esta S Misa del don que Dios nos ha hecho a través de tantas personas e instituciones que lo han hecho posible.
Mis primeras palabras a nombre de la diócesis sean hacia las autoridades de la República aquí presentes, Sr. Pablo Millad Abusleme. Alcalde don Arturo Palma Vilches, Director del MOP Erwin Castillo Díaz, Inspector Fiscal Bastián Barría Apablaza y Pro As Julio Morales, Seremi Obras Públicas Francisco. Durán. A través de ellos recordamos con gratitud a todos sus antecesores que pusieron su grano de arena para que hoy estemos aquí felices agradeciendo al Señor por su providente cuidado.
Soy testigo presencial de que siempre todas autoridades regionales y locales, sin distinciones de ninguna especie, cooperaron con todas sus capacidades y talentos en la consecución de este tan noble objetivo de reconstruir nuestro templo parroquial.
Los Srs. Intendentes, los senadores, diputados, alcaldes concejales y Sres. Cores, quienes aprobaron los recursos necesarios, mostraron un vivo interés por sacar adelante esta obra tan emblemática, no solo en favor de la Iglesia Católica sino que de toda la comunidad de Villa Alegre, que ve en este Templo reflejada parte esencial de su historia e identidad como pueblo.

Orígenes del templo

Al volver nuestra mirada agradecida hacia los orígenes remotos de este Templo, descubrimos que la primera actividad evangelizadora en torno al Loncomilla se registra en el lejano 1546, cuando don Juan de Cuevas, es designado por don Pedro de Valdivia como el primer Encomendero de esta comarca. Ya en esos tiempos la semilla de la fe fue sembrada a los vecinos, naturales y colonos, allegados en estas tierras maulinas con abnegación, sacrificios y mucho amor a Dios y al prójimo.
Dos siglos después tenemos noticias de doña Casilda Castro y Bruna, quien en torno al 1740 comienza con la construcción de la primera capilla del sector, que de hecho hizo las veces de parroquia en estas tierras, antes de cualquier decreto administrativo que estableciera sus límites parroquiales.

La Hermana María

Tendrá que pasar un siglo más para que aparezca la persona que en definitiva será quien la historia reconoce como quien lideró la construcción del histórico Templo parroquial que hoy estamos consagrando para la gloria de Dios y bien de los hombres y mujeres de este pueblo.
Se trata de doña María Irene Hormazabal y Cisternas, más conocida como la Hermana María. Nació en Cauquenes en el 1840 pero muy pronto se avecindó en estas fértiles tierras de Villa Alegre. Se destacó por su profundo espíritu religioso y caritativo. Ella fundó la Escuela Elemental de Villa Alegre donde se preocupó de enseñar personalmente las primeras letras a los niños de la época. Afortunadamente esa edificación todavía le sobrevive ya que corresponde al edificio que alberga el Museo Histórico de Villa Alegre a pocos metros de este lugar.
Cuenta la historia que la Hermana María recorría estos campos llevando en sus manos esta hermosa imagen del Niño Jesús pidiendo ayudas económicas a los vecinos ya que “había que construirle una casa a ese Niño”.
Es así entonces que en el 1885, y con la ayuda económica de vecinos y del Presidente Balmaceda, es que pudo adquirir esta propiedad en la cual nos encontramos para el uso pastoral. Pronto comenzaron las obras de construcción del Templo que hoy estamos re inaugurando.
5 años después, es decir, en el 1890, el obispo de Concepción, del cual Villa Alegre dependía, Mons. Plácido Labarca, nombra al primer vice párroco de este pueblo: el Padre Guillermo Jünemann, quien desde San Javier comenzó a atender más sistemáticamente este pueblo.
Él tuvo el honor de bautizar, en su calidad de vice párroco, al primer niño de su nobel parroquia, el 22 de noviembre del 1891. Se trata de doña María de la Cruz Jorquera Guajardo, hija de don Juan de Dios y doña María de las Nieves.
Ya el 8 de abril del 1892, fue solemnemente bendecido el Templo, siendo su Vice Párroco don José Tomás Benavente.
Providencialmente, ese mismo año 1892, la Hna. María, como una nueva Simeón, pudo irse en paz al cielo, ya que sus ojos habían contemplado hecho realidad el sueño de su vida: “ver levantada la casa para este Niño”.

Otros antecedentes históricos

La lista de los benefactores es larga y en general, solo conocida por el Señor. Sin embargo la historia registra algunos vecinos más connotados: Ascencio Astorquiza, Cesareón Encina, Eusebio Sotomayor, Manuel Salvador del campo, Ricardo Silva, entre otros.
Según registra la crónica de la época, recogida por nuestro amigo e ilustre vecino, Jaime González Colville, ese mismo año 1892, estos mismos laicos, invitaron al Sr. Obispo de Concepción, “para que pisara los fértiles y frondosos campos de Loncomilla”, cosa que el Sr. Obispo hizo gustosamente. Después de la Misa parroquial, se le ofreció un almuerzo en casa de don Ascencio en Cunaco, donde se reunieron 150 vecinos.
Algunos años después, casi al concluir el siglo XIX, el 4 de diciembre de 1899, Mons. Labarca erige oficialmente la Parroquia del Niño Jesús de Villa Alegre, desprendiendo su territorio de la vecina parroquia de San Javier, fundada en 1861 y de la Parroquia de Huerta de Maule (1850). Su primer párroco como tal fue el P. Federico Maturana quien rigió la parroquia en el cambio de siglo.
Cabe señalar que la gratitud de la comunidad parroquial con quien fuera reconocida como el alma de la construcción del Templo, la Hna. María, les llevó a levantar en año 1903 el monumento que hasta el día de hoy recibe a los fieles en la plazoleta de la parroquia. Vaya para esta laica, modelo de mujer servidora, nuestro homenaje y reconocimiento por su fecunda labor en su Iglesia y en bien de su pueblo.
Esta plaza parroquial fue por lo demás la plaza del pueblo durante 40 años, hasta que en 1934 se entregara la actual plaza frente a la I, Municipalidad.
Agregamos que las crónicas señalan que el año 1922 un violento temporal destruyó parte de la techumbre y derribó la torre, la cual fue prontamente restaurada.
Y el año 1930 se logró adquirir las 2 campanas que hasta el día de hoy convocan a la comunidad a los oficios litúrgicos.

El Templo


En relación al templo, podemos agregar que fue diseñado por el arquitecto Eduardo Provasoli, nacido en Milán, con trabajos en Nápoles y en París y avecindado en Chile los últimos años de su vida. A este arquitecto se le confío el frontis de la Catedral de Talca, antes de su destrucción por el sismo del 28.
El estilo es de líneas neoclásicas, todo de adobe, colocados sobre el cimiento de las piedras de río, a excepción del pórtico de 9 metros por 4 de ancho, que es de cal y ladrillo. Según la crónica de la época, todo el templo está pintado y decorado sus murallas, con el cielo raso, y el pavimento interior de robre.
Como era lo propio de la época, tuvo cementerio adyacente desde su construcción hasta el 1938. Le correspondió al párroco, don Rafael Ruiz, construir y llevar adelante el nuevo cementerio parroquial que existe hasta el día de hoy y donde descansan los vecinos de nuestra comuna en la espera de la resurrección.
Más adelante, en el año 1969, el Templo fue engalanado con la presencia de los restos del Abate Molina, nacido en el fundo de Guaraculén, sacerdote jesuita expulsado de Chile en el 1767, y radicado en Bolonia donde desarrolló una intensa actividad científica, que lo elevó a las más altas cumbres del saber y que ha sido internacionalmente reconocido, tal vez como ningún otro compatriota. Su urna fue rescatada desde las ruinas del terremoto esa misma noche por un connotado vecino quien la puso a buen resguardo. Hoy ha vuelto remozada a su lugar en el interior del Templo, bajo la hermosa ilustración, también restaurada, de don Pedro Olmos.
En 1969, en consideración de los méritos históricos y arquitectónicos, este Templo fue Declarado Monumento Histórico Nacional.
Desde su fundación la parroquia ha tenido 25 párrocos, siendo el primero don José Tomás Benavente y el actual el P. Juan Pérez, ejerciendo en promedio durante 5 años.
Vaya para estos servidores nuestro más sentido reconocimiento por los desvelos en bien del pueblo a ellos encomendados.
Concluyo dando gracias a Dios por este hermoso regalo que manifiesta la fe humilde pero sincera de todo un pueblo, que camina bajo la mirada paternal y misericordiosa del Padre Dios y la compañía y protección de la Virgen del Carmen, nuestra Madre y fortaleza en los momentos de dolor y de prueba.
Podemos repetir hoy con renovada alegría el lema que corona el Templo que hoy consagramos: “Jesu tibi sit gloria”. Jesús, a ti sea la gloria.
En este adviento les invito que así como la Hermana María recorría los campos de Villa Alegre pidiendo ayudas económicas para construirle una casa a este Niño, así también nosotros vayamos construyendo una vez más una casa en nuestro corazón al Niño Dios que nace de María en esta Navidad para nosotros. Acojámoslo con un corazón humilde y agradecido.
Les bendice y desea una muy feliz Navidad, junto a sus familias y seres queridos,
+Tomislav Koljatic M
Obispo de Linares

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