Volver a ser una Iglesia Profética que pone a Cristo en el centro

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Queridos hermanos:
En estos días estamos sumidos en la crisis de Iglesia más dolorosa y profunda que en toda nuestra vida nos haya tocado experimentar en Chile.
Y ha sido el Papa Francisco personalmente el que ha querido involucrarse para ayudarnos a enfrentar y salir de esta gravísima y dolorosa situación.
De regreso de su Visita a Chile en enero pasado, y a pesar de tantos encuentros muy hermosos como el de la Cárcel de Mujeres, el de la religiosidad popular en Iquique o el de Maipú con los y las jóvenes, él sintió que las cosas no andaban bien en nuestra Iglesia y que él debía hacer algo.


1.- La Misión de Mons. Scicluna
Es por ello que decidió enviar una Misión Especial formada por Mons. C. Scicluna y el P. Jordi Bertomeu, “para escuchar con empatía y serenidad, desde el corazón y con humildad”, a todas las personas que lo quisieran o necesitarán en relación a la situación que se estaba viviendo en la diócesis de Osorno.
Sin embargo, el objetivo de esta visita se amplió mucho más allá de lo que se pensó originalmente.
En pocos días, 64 personas se entrevistaron con los enviados papales y el arco de los temas se extendió a muchos otros casos y situaciones, algunas más antiguas otras más recientes, desconocidas por la opinión pública y que poco a poco han salido a la luz, testimonios entregados “con madurez, respeto y amabilidad que sobrecogían” dice el Papa.
El Papa recibió un Informe de 2.300 hojas con los testimonios de todos estos encuentros.
Al leerlo, Francisco “se sintió abrumado por el dolor de tantas víctimas de graves abusos de conciencia y de poder, y de abusos sexuales contra menores… testimonios que hablan de modo descarnado, sin aditivos ni edulcorantes, de muchas vidas crucificadas, y les confieso que ello me causa dolor y vergüenza”.
Después de esta lectura el Papa decidió escribir a los obispos de la Conferencia Episcopal de Chile para solicitarles que todos fueran personalmente a Roma para “colaborarle, en un momento fraternal, …sin prejuicios ni ideas preconcebidas, solo buscando hacer resplandecer la verdad en nuestras vidas…, en el discernimiento de las medidas que en el corto, mediano y largo plazo deberán ser adoptadas para restablecer la comunión eclesial en Chile, con el objetivo de reparar en lo posible el escándalo y restablecer la justicia”.
En esa misma carta el Papa reconoce que “ha incurrido en graves equivocaciones de valoración y percepción de la situación, especialmente por falta de información veraz y equilibrada. Desde ya pido perdón a todos aquellos a los que ofendí…”
Y finalmente nos pidió magnanimidad para aceptar las medidas y poner a la Iglesia en Chile en “estado de oración”. (8 de abril 2018).
Partiendo por esto último, puedo dar testimonio de que esta petición del Papa Francisco se cumplió de un modo extraordinario. He escuchado y sabido de cientos de personas y comunidades parroquiales y religiosas que han estado rezando a todo lo largo del país incesantemente por la Iglesia en estas últimas semanas. Les invito a no dejar de hacerlo. Solo de Dios nos vendrá la luz, el coraje y la sabiduría para caminar hacia soluciones verdaderas y definitivas a esta crisis. Y a todos ustedes, gracias por su oración por la Iglesia y por su Pastor.

2.- El encuentro de los obispos con el Papa en Roma
Así entonces, todos los obispos en ejercicio fueron a la cita con el Papa en Roma durante la semana del 14 al 17 de mayo recién pasado.
Ese histórico encuentro fue cuidadosamente preparado por el Papa Francisco.
De su puño y letra nos entregó un largo texto de 10 páginas para nuestra reflexión y oración, que ya es de público conocimiento.
En ella él hace un crudo diagnóstico de lo que nos ha ocurrido en estos últimos 30 años o más. Me ha parecido conveniente entregarles en esta editorial algunas de esas reflexiones papales por un doble motivo: para que la conozcan y para que la reflexionen en sus comunidades.
En definitiva, y como lo dice el Papa en este texto, nadie, fieles laicos y consagrados, está ajeno a las causas y a las soluciones del este problema.

Textos escogidos de la reflexión de Francisco a los obispos de Chile 
Lo primero que constata es que “hay una herida abierta, dolorosa y compleja que desde hace mucho tiempo no deja de sangrar en la vida de tantas personas en la Iglesia chilena… Y que los remedios aplicados, lejos de curar, parecen haberla ahondado más en su espesura y dolor”.
Y propone 4 causas o razones de esta herida abierta:
1.- Quizá por querer dar vuelta la página demasiado rápido sin asumir las insondables ramificaciones del mal…
2.- O porque no se tuvo el coraje de afrontar las responsabilidades, las omisiones, y especialmente las dinámicas que han permitido que las heridas se perpetuaran en el tiempo.
3.- Quizá por no tener el temple para asumir como cuerpo esa realidad en la que todos estamos implicados y de la que nadie puede eximirse desplazando el problema en las espaldas de los otros,
4.- O porque se pensó que se podía seguir adelante sin reconocer humilde y valientemente que en todo el proceso se habían cometido errores.
Y agrega el Papa: este tiempo es “un tiempo de gracia, de conversión… Necesitamos un cambio, lo sabemos, lo necesitamos, lo anhelamos”.

Es necesario que Cristo crezca…Volver a ser una Iglesia profética que pone a Cristo en el centro
El Papa nos propuso el texto de san Juan Bautista: “Es necesario que Cristo crezca y que yo disminuya”. (Jn 3, 30).
Para ello urge volver a encontrarnos con el Señor resucitado para volver a ser una Iglesia Profética, una Iglesia que supo ser madre que engendró a muchos en la fe…que supo dar la pelea,.. Que supo poner en el centro lo importante, a Jesús, el Señor.
En este texto el Papa nos invita a volver a ser una Iglesia profética que pone a Jesús en el centro. Y propone varios caminos para esto.
1.- Una Iglesia profética que pone a Jesús en el centro es aquella que promueve una acción evangelizadora que mira al Maestro como S. Teresa de los Andes.
2.- Una Iglesia profética que es capaz de hacer fiesta por la alegría que el Evangelio provoca. Ej. La piedad popular que vio en Iquique, “que logra vestir a todo el poblado de fiesta” ya que “la fe solo se transmite en dialecto”.
3.- Una Iglesia profética que es capaz de engendrar en la santidad a un hombre como el P. Hurtado.
4.- Una Iglesia profética que es capaz “de convocar para engendrar espacios que acompañen y defiendan la vida de los diferentes pueblos que conforman su vasto territorio, reconociendo una riqueza multicultural y étnica sin igual…”
5.- Una Iglesia profética que es capaz de confesar que en nuestra historia personal, y de nuestro Chile, ha habido injusticias, mentira, odio, culpa, indiferencia y que nos invita a ser sinceros, humildes y decir al Señor: hemos pecado contra ti”. Card. R Silva H. 1974.
Y agrega una frase muy esperanzadora: “en la noche más oscura surgen los más grandes profetas y santos”.
En este punto el Papa plantea uno de sus temas favoritos: el del Pueblo de Dios, esos hermanos que sostienen el camino de la Iglesia con su oración, trabajo y sufrimiento.
Dice: “El Santo Pueblo fiel de Dios con su silencio cotidiano, de muchas formas y maneras sigue haciendo visible y testimonia “con testaruda” esperanza que el Señor no abandona…este Santo y Paciente Pueblo fiel de Dios es el mejor rostro de la Iglesia profética que sabe poner al centro a su Señor en la entrega cotidiana…En ese Pueblo fiel y silencioso reside el sistema inmunitario de la Iglesia”.

Es necesario que yo disminuya…
Luego el Vicario de Cristo continúa con su reflexión a partir del texto bíblico. “Es necesario que yo disminuya”.
Dice que la Iglesia chilena en este último periodo de su historia ha perdido esta inspiración profética, dejó de mirar y señalar al Señor para mirarse y ocuparse de sí misma. Concentró en sí la atención y perdió la memoria de su origen y misión. Su pecado se volvió el centro de su atención.
Es urgente “trabajar para discernir cómo generar nuevas dinámicas eclesiales en consonancia con el Evangelio para ser mejores discípulos misioneros capaces de recuperar la profecía”.
A continuación nos previene de “la psicología de elite que generan dinámicas de división, separación, círculos cerrados que llevan a espiritualidades narcisistas y autoritarias”.
Es por ello “urgente generar dinámicas eclesiales capaces de promover la participación y misión compartida de todos en la Iglesia, evitando cualquier tipo de mesianismo o psicología o espiritualidad de elite”.
“Debemos pedir el don del Espíritu Santo de magnanimidad para buscar las soluciones”. Pero el Papa nos previene a caer en el episodio bíblico de Jonás, es decir, “pensar que la sola remoción de personas solucionaría de por sí los problemas. (“Esto es una gran falacia” agregará más adelante). Esto hay que hacerlo, pero no es suficiente, hay que ir más allá”.
Dice el Papa: “las dolorosas situaciones acaecidas son indicadores de que algo en el cuerpo eclesial está mal… Debemos descubrir las dinámicas que permitieron esto. Confesar el pecado es necesario, buscar remedios es urgente, conocer las raíces es sabiduría para el presente-futuro”.

Sería una grave omisión no ahondar en las raíces.
Cuidémonos de la tentación de querer salvarnos a nosotros mismos, salvar la reputación, (salvar el pellejo)… La gravedad de los sucesos no nos permite volvernos expertos cazadores de “chivos expiatorios”. Todo esto nos exige seriedad y co-responsabilidad para sumir los problemas de un todo eclesial… para buscar todas las mediaciones necesarias para que nunca más vuelvan a perpetuarse. Solo podremos solucionar (estos problemas) si los asumimos colegialmente, en comunión, en sinodalidad.
Y concluye diciendo que estamos juntos con la conciencia de ser pecadores-perdonados,…, pecadores con apertura penitencial. Queremos pasar de ser una Iglesia centrada en sí, abatida y desolada por sus pecados a una Iglesia servidora de tantos abatidos que conviven a nuestro lado,.., que se pone al servicio de su Señor en el hambriento, en el preso, en el sediento, en el desalojado, en el desnudo, en el enfermo, en el abusado… Hasta aquí, el resumen de las palabras del Papa.

Al concluir el encuentro con el Papa, todos los obispos le presentaron su renuncia al servicio pastoral de sus diócesis. Este hecho nunca antes visto en la historia de la Iglesia universal, fue una manera de expresarle nuestra adhesión y apoyo a las decisiones que tendrá que tomar por el bien de la Iglesia en Chile.
Finalmente, para todos viene el largo camino de convertirnos, de revisar qué hemos hecho mal, en qué hemos fallado, cuales son las raíces de estos males, y en un proceso de comunión y sinodalidad volver a ser una Iglesia profética que pone a Jesús en el centro y que escucha, anuncia y sirve a Chile.
A esto nos llama urgentemente el Papa.
Contamos con tú participación. Contamos con la ayuda de Jesús que nos espera en Galilea y con la compañía e intercesión de María, Madre y Reina de nuestra Patria.
Les bendice con gratitud y cariño,
+Tomislav Koljatic

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