El papa Francisco en Chile Cuatro días de gracia que se prolongan

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Queridos hermanos:
Al comenzar este nuevo año pastoral lo hacemos con la alegría y la renovación espiritual que nos ha dejado la visita del papa Francisco a Chile.
Todavía resuenan en nuestros oídos sus palabras vibrantes y las imágenes de su cercanía, humildad y humanidad que nos conmovieron hasta lo más profundo.
Pero la Visita ha sido un primer momento. Esos cuatro días de gracia se prolongarán en la Iglesia chilena por mucho tiempo, iluminando, alentando, llamándonos a una nueva conversión y espíritu misionero.
Les comparto algunas reflexiones personales que me parecen importantes en relación a la visita del Papa.


1.- La participación de los fieles 
Más allá de lo que han dicho algunos medios, la visita convocó a multitudes de fieles a lo largo del país. Carabineros ha calculado en un millón setecientos mil los chilenos y chilenas que lo vieron directamente en las Misas, en las calles, en los encuentros más pequeños. Esto es sin contar con los millones que lo siguieron a través de la televisión en directo muchas horas.
Ciertamente es una cifra muy importante que nos anima y conforta. Nos habla de una Iglesia viva que se pone de pie para escuchar al Pastor Universal y compartir con él la alegría de la fe y en el compromiso por ser una Iglesia más misericordiosa, servidora y misionera.

2.- Los voluntarios
Fueron 19.000 los voluntarios que a lo largo del país estuvieron directamente al servicio de la Visita. Ya sea en las calles, en la ayuda a los peregrinos, preparando los lugares, los aseos, los coros, en múltiples actividades pequeñas pero muy necesarias e importantes.
Todos ellos son laicos que están participando día a día en las comunidades, colegios y movimientos en el servicio evangelizador. Damos gracias a Dios por ellos y esperamos de ellos un renovado compromiso misionero y de servicio.

3.- Las Eucaristías
La Misa del P. O´Higgins, de Temuco y de Iquique fueron hermosísimas, muy bien logradas y plenas de significado y frutos espirituales.
En esas celebraciones, acompañadas por centenares de sacerdotes y diáconos, pudimos gozar de una liturgia ejemplar por su sencillez y belleza, por la hondura y sabiduría de las homilías, por el significado de las ofrendas y quienes las llevaron, por los momentos de silencio profundo después de la homilía y de la comunión, por el clima de hermandad y de paz que se vivieron.
No está demás destacar que esta Eucaristías multitudinarias duraron menos de una hora y media. Todo un ejemplo de que la liturgia bien celebrada no tiene por que ser larga o pesada.

4.- El testimonio de vida del Papa
Fuimos testigos de la vitalidad y entrega impresionantes que el papa nos regaló en esos días. Desde las 8:00 de la mañana en que salía de la Nunciatura hasta las 19:00 o 20:00 horas que volvía a ella al terminar su jornada oficial, el Papa no paró un momento, atendiendo a las personas, las de las calles que lo saludaban, en los actos oficiales, a las autoridades, a los enfermos, a las mujeres privadas de libertad, a los consagrados, o a las multitudes que estaban en las Misas. Siempre una sonrisa, un gesto amable, una palabra personal, con una paciencia y caridad a toda prueba.
Quedará en el recuerdo de esta visita histórica el gesto de bajarse de su papamóvil para atender a la carabinera que se cayó del caballo en Iquique. Todos lo vimos bajarse de inmediato, sin pensarlo un momento, detener el programa, preocuparse de la persona caída.

5.- El contenido de su mensaje
Ciertamente sus palabras dejarán huella en Chile y en la Iglesia en los próximos años. Será nuestra tarea releer sus palabras, meditar sus gestos, aplicar sus opciones.
En la separata, adjunta a esta edición, encontrarán algunos textos seleccionados. Son muchos y cada cual puede elegir sus favoritos.
Pero desde ya podemos destacar algunos hitos muy importantes de su visita.
En La Moneda pidió público perdón por los abusos cometidos por algunos ministros de la Iglesia. Ciertamente esta es una herida que nos humilla y avergüenza y que deberemos trabajar y orar mucho para sanar a las víctimas y asegurar de que estos hechos delictuales nunca más vuelvan a ocurrir en nuestro Chile.
En la Misa en el Parque O´Higgins a la luz de las bienaventuranzas nos invitó a ser artesanos de paz día a día, mirándonos a los ojos, trabajando y sirviendo al prójimo, a vencer mezquindades y ambiciones y el anhelo de tener un nombre a costa de los otros.
En el Centro penitenciario femenino nos recordó que pedir perdón a Dios y a los hombres nos humaniza, nos hace crecer como personas. Recordó que el privado de libertad nunca está privado de dignidad y no pierde la posibilidad de soñar, de salir adelante. Dijo: “La dignidad no se toca a nadie, se cuida, se custodia, se acaricia. Nadie puede ser privado de la dignidad”.
Agregó que las madres “saben qué significa gestar la vida. Han sabido «cargar» en su seno una vida y la gestaron. La maternidad nunca es ni será un problema, es un don, es uno de los regalos más maravillosos que puedan tener”.
En el encuentro con los consagrados en la Catedral nos invitó a mirar con esperanza hacia el futuro. Nos recordó que nuestra consagración es siempre una respuesta personal, pero en la comunidad. “No existe el selfie vocacional”.
Y agregó: “El Pueblo de Dios no espera ni necesita de nosotros superhéroes, espera pastores, hombres y mujeres consagrados, que sepan de compasión, que sepan tender una mano, que sepan detenerse ante el caído y, al igual que Jesús”.
A los obispos nos invitó a no dejar de invocar al Espíritu Santo y pedirle “el don de soñar, soñar y trabajar por una opción misionera y profética que sea capaz de transformarlo todo,…para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda la estructura eclesial sea más misionera…”
En Temuco invitó a la Iglesia y al país a mirar a Jesús para caminar por sendas de unidad.
Esa unidad se construye desde el reconocimiento mutuo y la solidaridad, evitando la violencia que se genera cuando los acuerdos no se cumplen y cuando se cree que el reconocimiento se logra aniquilando al otro. “La violencia llama a la violencia. La violencia termina volviendo mentirosa la causa más justa”.
Con los jóvenes (en su discurso más largo en Chile) los llamó a estar conectados con Jesús siempre y a no olvidar la clave: ¿Qué haría Cristo en mi lugar?
En Iquique el Papa habló de la alegría de ser cristiano, lo que se refleja en la piedad popular tan típica de esa Iglesia nortina que baila, canta y ora a la Virgen de Carmen. “Ser cristiano es ser alegre” dijo.
Además habló de los migrantes y de la misión de acogerlos como a la Sagrada Familia. “Hospitalidad festiva, porque sabemos bien que no hay alegría cristiana cuando se cierran puertas; no hay alegría cristiana cuando se les hace sentir a los demás que sobran o que entre nosotros no tienen lugar (cf. Lc 16,19-31).
Estamos ya en la Cuaresma, preparando la Semana Santa.
Que María Santísima nos acompañe en estos días de purificación, de oración y de comienzo de las actividades pastorales, para que este año sea pleno de bendición y frutos cosechados por la Visita del Papa a Chile.
Les bendice con cariño,
+Tomislav Koljatic M.

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