Fieles en lo Poco…

Dgo. 19 de Noviembre, XXXIII del T. Ordinario

 

El señor le respondió: “Servidor malo y perezoso, si sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he esparcido, tendrías que haber colocado el dinero en el banco, y así, a mi regreso, lo hubiera recuperado con intereses. Quítenle el talento para dárselo al que tiene diez, porque a quien tiene, se le dará y tendrá de más, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. Echen afuera, a las tinieblas, a este servidor inútil; allí habrá llanto y rechinar de dientes”. (Mt 25, 14-30)

Lo que se le reprocha al tercer servidor, en la Parábola de los Talentos, es su miedo a correr riesgos, su falta de compromiso con el amo que sí ha tenido confianza en sus capacidades; el conocimiento que el tercero dice tener de su señor y lo confiesa abiertamente delante de él, -conocimiento que, sin duda, comparten el primer y el segundo siervo- genera en él una actitud diversa que en éstos: los primeros van a correr riesgos para hacer algo con lo que ha sido confiado a su cuidado, su actitud es proactiva, y es audaz; aun sabiendo que están tratando con lo que es de su señor, son capaces de comprometerse con él y con lo que les ha sido entregado y logran que dé frutos en la medida de lo que han recibido, en la medida de sus capacidades (el señor no les está exigiendo el mismo fruto a cada uno, sino aquel que resulta proporcional a lo recibido y a la propia habilidad de cada uno, por eso el elogio y la recompensa es la misma para el primero y el segundo); el tercer servidor, solo actúa mirando su propia seguridad, movido por el temor a responder al desafío, a las exigencias que pueden llegar a hacérsele, resguardándose; pero es este mismo miedo lo mal aconseja, lo traiciona, lo alienta a cuidarse las espaldas, no lo guarda, en relación a lo recibido, lo pierde; pierde lo que le ha sido confiado, y se pierde a sí mismo: no ha conservado lo que el señor ha puesto en sus manos, ahora tiene menos de lo que recibió en un comienzo para devolver, aunque el Talento salga intacto desde el fondo del pozo en el que lo depositó.

Audacia por el Reino:

Lo que escaseó en el comportamiento del tercer servidor, fue la capacidad de comprometerse, de mirar más allá de sí mismo, de sus propios intereses, de su propia seguridad y reputación, el “nosotros” que nos impulsa a hacer crecer los Talentos depositados en nuestras manos, ha quedado sofocado en él por el “yo”, que lo encarcela en la estrecha prisión de sus propios miedos, y finalmente el que ha buscado afanosamente cuidarse solo, encuentra como recompensa el quedar efectivamente solo. Lo que faltó en el tercer servidor, fue la audacia de jugarse la vida por el Reino, y por eso no se hace digno de Él (de participar del gozo de su Señor), porque la invitación estaba, la provocación había sido lanzada.

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