Rendirse a la Lógica de Dios…

Periódico Buena Nueva de Linares > Agosto_2017 > Rendirse a la Lógica de Dios…

Dgo. 03 de Septiembre, XXII del T. Ordinario

Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y que tenía que sufrir mucho por causa de los ancianos, los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley; que lo matarían y al tercer día resucitaría. Entonces, Pedro, tomándolo aparte, se puso a reprenderlo: “Dios no lo quiera, no te ocurrirá eso”. Pero Jesús dirigiéndose a Pedro le dijo: “¡Vete detrás de mí, Satanás! Eres para mí un obstáculo, porque no piensas como Dios, sino como los hombres”.(Mt 16, 21-27)
El mismo Simón que, por su fe, ha recibido, con el nombre de Pedro, la vocación de cimentar la nueva comunidad de discípulos, “sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” ha de escuchar ahora un nuevo apelativo de labios de Jesús: “eres un obstáculo para mí”; la palabra usada por Jesús en el griego del original es skándalon, palabra que alude una vez más a la piedra, pero esta vez a la imagen de esas que, cuando aparecen en medio de un camino, de una vereda, hacen que el pie del caminante tropiece.
Cuál es la razón de la dureza de las palabras de Jesús, que no se contenta con llamarle skándalon, sino que antes incluso lo ha tratado de Satanás, usando el antiguo nombre hebreo para designar al adversario, al que tiende trampas; cuál es la razón de ese fuerte: “¡Vete detrás de mí!” que también podría traducirse como: “¡Apártate de mi vista”!; dicho precisamente al discípulo al que acaba de confiarle la nueva comunidad de seguidores.
Jesús se escandaliza ante las palabras de Pedro, porque Él mismo –verdadero hombre- ha de emprender el camino hacia Jerusalén y es ahora cuando las palabras del Discípulo se yerguen delante suyo con una seducción análoga a la del demonio en el desierto.
La razón está en el modo tan humano con que Pedro reacciona ante el giro que están tomando las cosas, ante este encaminarse hacia Jerusalén, hacia el conflicto y la muerte. Pero, si Jesús encuentra un motivo de tropiezo en las palabras de Pedro, el escándalo no ha sido menor en medio de los Apóstoles, al escuchar de Jesús el anuncio de su próxima pasión.
Pedro, luego del primer elogio, que le ha merecido su confesión de fe, parece haber crecido, se siente agrandado, autorizado para reprender al Señor en relación al anuncio de los acontecimientos venideros; asume, de manera autoritaria y paternalista, el rol que le ha sido otorgado. El gesto, que se entrevé en los verbos empleados por Mateo, es un gesto de fuerza para con el Maestro y delante de la comunidad, es decirle a Jesús, y decirlo también de paso a la comunidad, que es Él quien ahora lleva las riendas de este asunto; el problema es que para este rol asumido le falta todavía crecer infinitamente más: ha acogido la revelación de la identidad de Jesús, pero aun no acoge la revelación del plan salvador en toda su integridad; el insondable plan de Dios sobrepasa el entendimiento del discípulo; pero para serlo, es preciso abrazar esta lógica en toda su anchura y profundidad.
La violencia inicial de las palabras del Señor se transforma así en invitación, en una nueva oportunidad para Simón Pedro, que ha de comprender que en el camino de seguimiento no ha llegado aún a la meta; que el puesto de responsabilidad que Jesús ha depositado en sus manos, no significa una autorización para convertirse en jefe autosuficiente; que en el camino del verdadero Discípulo recién está comenzando.
El camino del Discípulo no se emprende de verdad, si frente al llamado a la absoluta entrega a la voluntad del Padre para salvar a la humanidad -entrega que encuentra su máxima expresión en el Cristo que expira sobre el leño de la cruz- se antepone la lógica de la reserva, del querer conservar algo para sí, del querer que se cumpla la voluntad del Padre, pero que en este cumplimiento pueda quedar yo a salvo, inmune de haberme entregado, inmune de haberme también yo inmolado, en la segura tibieza de quien contempla la entrega de Cristo, se emociona, se conmueve, pero luego dice: esto es para los santos, no es para mí.
El camino del verdadero Discípulo no conduce a la meta si el que ha sido invitado a caminar tras Jesús no comprende que a esta escuela no se puede entrar sino con los brazos abiertos, dispuesto a desangrarse de amor en la cruz.

 

 

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *