50 años del diaconado en la Iglesia

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Queridos hermanos:
Este mes se cumplen 50 años desde que se ordenó el primer diácono en la Iglesia chilena, luego que el Concilio Vaticano II decidiera su restablecimiento.
Así entonces en esta editorial quisiera hacer una memoria agradecida del hermoso servicio que prestan los diáconos a nuestras comunidades.

El origen del diaconado en la Iglesia

El Señor Jesús no instituyó directamente el diaconado. Fue la primera comunidad de los Apóstoles, bajo la inspiración del Espíritu Santo y la conducción de Pedro, quienes decidieron establecer este tercer grado del sacramento del Orden.
Fue desde la experiencia concreta que se vivía en Jerusalén del primer siglo la que llevó a la Iglesia a buscar una respuesta a sus necesidades pastorales. Hay un texto decisivo del Nuevo Testamento que se refiere a este momento en el cual se instituyó el diaconado.
Leemos en Hech de los Apóstoles 6,1-6: “Por aquellos días, al multiplicarse los discípulos, hubo quejas de los griegos contra los hebreos, porque sus viudas eran desatendidas en la ayuda cotidiana. Los Doce Apóstoles convocaron la asamblea de los discípulos y dijeron: «No parece bien que nosotros abandonemos la Palabra de Dios por servir a las mesas. Por tanto, hermanos, buscad de entre vosotros a siete hombres, de buena fama, llenos de Espíritu y de sabiduría, y los pondremos al frente de este cargo; mientras que nosotros nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la Palabra.» Pareció bien la propuesta a toda la asamblea y escogieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Pármenas y a Nicolás, prosélito de Antioquía; los presentaron a los apóstoles y, habiendo hecho oración, les impusieron las manos”.

En este texto se encuentran los 4 elementos centrales del diaconado.

1.- Es una decisión de la Iglesia representada por los Doce Apóstoles, quienes guiados por Pedro y bajo la inspiración del Espíritu Santo, deciden dar este paso nuevo de constituir diáconos que hasta ese momento no existían en la Iglesia. Son ordenados 7 como signo de plenitud y de perfección.
2.- Los elegidos deben ser varones intachables por su vida de familia, de fe y de caridad, es decir, “por su buena fama, llenos de Espíritu y de sabiduría”. El diácono puede ser célibe o casado. En este caso para que su ordenación sea posible, necesita del apoyo explícito e informado de su esposa e hijos a través de una carta escrita en apoyo a la petición del diaconado.
No se trata de que alguien pide ser diacono por tener un supuesto derecho a ello. Debe ser elegido por la Iglesia reunida bajo sus pastores, como dice el texto: Los Doce Apóstoles convocaron la asamblea de los discípulos y deliberaron (para elegir a los candidatos)”.
De este modo deben ser personas ejemplares ante la comunidad, de larga trayectoria al servicio de Dios y de los hermanos.
3.- Son instituidos para “el servicio de las mesas”, es decir, para atender a los pobres, las viudas, los huérfanos y los migrantes. El diacono está llamado a imitar el ejemplo de Jesús, quien “no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos» (Mc 10,45). De ahí el nombre de diácono, del griego diakonos, y luego del latín diaconus, «servidor».
El carisma más propio del diácono es el de la caridad con los pobres. En un segundo momento su misión es la predicación de la Palabra, la celebración de los sacramentos y otras tareas al interior de la comunidad eclesial.
Como resumen de su misión dice el Catecismo de la Iglesia Católica, 1570:
“Corresponde a los diáconos, entre otras cosas, asistir al obispo y a los presbíteros en la celebración de los divinos misterios, sobre todo de la Eucaristía y en la distribución de la misma, asistir a la celebración del matrimonio y bendecirlo, proclamar el Evangelio y predicar, presidir las exequias y entregarse a los diversos servicios de la caridad (LG 29)”.
4.- Los Apóstoles “les impusieron las manos”, es decir, solo el obispo puede trasmitir este don y carisma en la Iglesia a través del sacramento del Orden, por el cual el diacono es marcado con un sello indeleble, es decir, con una huella imborrable de esta gracia recibida para el servicio de la comunidad.
A su vez, San Pablo dará indicaciones muy claras y precisas del “perfil” del diácono. Dice en la Primera a Timoteo 3, 8-13:
“También los diáconos deben ser dignos, sin doblez, no dados a beber mucho vino ni a negocios sucios; que guarden el Misterio de la fe con una conciencia pura. Primero se les someterá a prueba y después, si fuesen irreprensibles, serán diáconos. Las mujeres igualmente deben ser dignas, no calumniadoras, sobrias, fieles en todo. Los diáconos sean casados una sola vez y gobiernen bien a sus hijos y su propia casa. Porque los que ejercen bien el diaconado alcanzan un puesto honroso y grande entereza en la fe de Cristo Jesús”.
A lo largo de los siglos han sido muchos los diáconos que se han destacado por su testimonio y entrega a la causa del Evangelio.
Recordamos algunos: San Esteban, el primer mártir de la Iglesia, cuyo martirio se encuentra referido en los Hechos de los Apóstoles luego San Lorenzo, uno de los diáconos de Roma martirizado en una parrilla al fuego en 258, San Vicente de Zaragoza, el primer mártir español martirizado bajo el mandato de Diocleciano (muerto ca. 304); Efrén de Siria (muerto ca. 306), Padre y Doctor de la Iglesia, San Francisco de Asís, (1182–1226), quien por humildad no quiso ser presbítero.
Debemos señalar también que los diáconos se ganan la vida “con el sudor de su frente” como todos los ciudadanos. Ellos no reciben un sueldo de parte de la Iglesia si no que viven trabajan como todos y comparten las dificultades y alegrías de sus vecinos y compañeros de trabajo. Cada uno tiene una profesión u oficio y se desarrolla en sus ámbitos laborales como cualquiera. Esta es una dimensión laical que el diácono no debe perder nunca para ser así levadura en la masa, como nos enseña el Señor. Eso les permite llegar a esas fronteras existenciales de las cuales no habla insistentemente el Papa Francisco. Así, están en el mundo, pero no son del mundo.

Nuestra Historia agradecida

En el cuadro aparte está la lista completa de aquellos que en estos 50 años transcurridos han recibido el diaconado en la diócesis de Linares y de aquellos que por razones de trabajo u otras lo han ejercido entre nosotros.
Para ellos toda nuestra gratitud y aprecio por una vida de servicio y entrega por los hermanos. Les invito a orar por ellos y sus familias, para que sean siempre fieles al ministerio recibido y puedan llevar la Palabra de Dios, su consuelo y su vida a todos los rincones de la diócesis.
Y también les pido que no dejemos de orar al dueño de la Viña para que envíe muchos sacerdotes y diáconos para su servicio.
Les bendice y saluda con afecto en este mes de la solidaridad, bajo el amparo de María,

+Tomislav Koljatic Maroevic
Obispo de Linares

 

Diáconos Ordenados de la Diócesis de Linares
1973 – 2017

Diáconos ordenados por Monseñor Augusto Salinas

1.- Ramón Iturra Muñoz, hoy presbítero.
2.- Carlos Chavez Ham
3.- Pedro Avejares Alfaro, fallecido.
4.- Isaías Villar Villalobos, fallecido.
5.- Rogelio Colina Castro, se trasladó a la Diócesis de Temuco.
6.- Arturo Vejar Bello, fallecido.
7.- Raúl Bustamante Cancino, fallecido.
8.- Humberto Henríquez Henríquez.
9.- Manuel Medel Troncoso, P. San Antonio de Padua
10.- Pedro Parra Avello
11.- Luis Canales Hernández, fallecido
12.- Bernardo Gatica Soto

 

 

Diáconos ordenados por Monseñor Carlos Camus Larenas

13.- Oscar Villagra Ávila, P. María Peregrina y Jesús Obrero.
14.- Alejandro Valenzuela Soto, P. Panimávida.
15.- Alberto Escalona Fuentes, P. de Yerbas Buenas.
16.- Juan Méndez Vivanco, fallecido.
17.- Manuel Castro Rojas, P. Villa Alegre.
18.- Mario Villar Flores, fallecido.
19.- Luis Vásquez Mora, P. Corazón de María Linares.
20.- Moisés Ibáñez Rebolledo, P. María Peregrina Linares.
21.- Juan Gaete Galdámez, fallecido.
22.- Jorge Saavedra Yáñez, P. Santos Chilenos en Linares.
23- Jorge Flores Cordero, P. San José Parral.
24.- Carlos Vargas Lamas, fallecido.
25.- Ricardo Ureta Lyón, fallecido.
26.- Ramiro Botello Alarcón.

 

Diáconos ordenados Mons. Tomislav Koljatic

27.- Sergio Carrasco Méndez, P. El Sagrario Linares.
28.- Daniel Cerda Urrutia, P. El Rosario Linares.
29.- Jorge Concha Concha, P. Corazón de María Linares.
30.- José Gutiérrez Sepúlveda, P. San José de Constitución.
31.- José Maureira Luna, P. San José de Parral.
32.- Ignacio Salazar Salazar, P. San José de Constitución.
33.- Fernando Fernández Elgueta, P. San Pedro de Cauquenes.
34.- Daniel Álvarez Mariangel, P. El Sagrario Linares.
35.- Ibar Huerta Álvarez, P. San Antonio de Padua Linares.
36.- Carlos Matus Oñate, P. San Francisco Parral.
37.- Tyron Palma Poblete, Ordenado en P. Arenas, P. El Carmen Linares.
38.- Segundo Rojas, Ordenado en San Felipe, P. Villa Alegre.

 


 

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