Una historia que cumple 40 años sirviendo a la Diócesis

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Cuando don Carlos Camus llegó a la Diócesis en abril de 1977 nuestra Iglesia vivía momentos muy exigentes. A nivel universal muchos queríamos que las Orientaciones Pastorales del Concilio Vaticano II se pusieran en práctica con mayor rapidez. En Chile había surgido un sinnúmero de Comunidades Cristianas de Base, y a consecuencia de la Dictadura imperante la oración y la acción solidaria se hacían con gran compromiso.

El nuevo Obispo puso a la Diócesis de Linares en esa línea. Para desarrollar su trabajo estimó que era fundamental contar con un medio de comunicación propio. Hay que recordar que en el país no había libertad de expresión, y la censura y represión eran implacables.
Se conversó el tema en el primer encuentro con los sacerdotes y hubo acuerdo en respaldar la creación de un periódico diocesano. La reunión fue en el Colegio de la Providencia, donde se juntaba el Clero los primeros miércoles de cada mes desde la época de don Juan Subercaseaux, porque todavía la casa de ejercicios de Chacahuin estaba en construcción. Se acogió con tanto entusiasmo el proyecto que para sacarlo de inmediato el Párroco de Camelias P. Fernando Vetterlein levantó la mano y gritó: “¡Yo pago el primer número!”.
Partimos sólo con la idea de que nuestra publicación llegara a todas partes y fuera muy participativa. Por eso, desde el principio motivamos que hubiera un Corresponsal en cada Parroquia, Capilla o Colegio para que enviara noticias y nos ayudara a repartirla. Discurrimos unos talleres muy sencillos de redacción explicando algunos conceptos claves: QUÉ (ocurrió o va a suceder), CÓMO (se desarrolló lo que se pretende destacar), CUÁNDO (la fecha exacta), DÓNDE (el lugar) y POR QUÉ (el motivo que llevó a organizar lo acontecido o proyectado). Ahí estaba lo esencial de la crónica. Por ejemplo: “Tuvimos la visita del Obispo que confirmó a 27 estudiantes en medio de una celebración muy bonita, el 11 de febrero en la Capilla de Llano Blanco, de la Parroquia de Yerbas Buenas, para resaltar la fiesta de la Virgen con un mayor compromiso de los jóvenes” (Elsa Córdova, Corresponsal).
Hicimos una lista de nombres y se eligió BUENA NUEVA. Don Carlos escribió su primera carta y yo redacté casi todo lo demás en la misma noche. En Linares había pocas imprentas y además tuvieron miedo. El único que se atrevió fue el Nono Valdivieso, dueño de una imprenta chiquitita como las de Gutenberg, que hacía boletas. Era mucho material para sus posibilidades y el primer martes de mayo trabajó hasta más de las doce de la noche y no fue capaz. Salí de ahí con un paquete bajo el brazo y uno de mis primeros fracasos a cuestas. No me atrevía ni a mirar a la cara al Obispo, con quien en ese entonces todavía no era muy amigo, porque recién estábamos conociéndonos. Se rió y me dijo: “Anda a los Salesianos de Talca”. Hablé con el Director y me pidió que consiguiera el permiso oficial de los militares para la publicación. Por supuesto que la respuesta fue negativa. Tuve que convencerlos que se trataba de una “comunicación interna” del Obispo con sus feligreses, y al final logramos salir el primer miércoles de junio, hace 40 años.
Poco más adelante el Alcalde de una comuna cercana me pidió que no repartiera más la BUENA NUEVA. A lo que tuve que responder que era lo mismo que si me dijera que no entregara más la comunión en las Misas. El viento a favor se ha expresado en las colaboraciones voluntarias de quienes han ayudado a entregar contenidos. Los temas de formación escritos por José Manuel Zabala, Raúl Moris, Juan Pérez y otros muchos que han contribuido a darle identidad a nuestra Diócesis.
Los sistemas de impresión también han evolucionado en estos años. Al principio trabajamos con Linotipia y para sacar fotos había que hacer unas placas metálicas en Santiago. Después apareció el Offset y terminamos viajando con el material a la capital todos los meses. Era un sacrificio enorme. Conseguimos una ayuda de Alemania e instalamos nuestra propia Imprenta aquí en el edificio Mons. Meza de calle Freire. Eso nos permitió pasar de los 5.000 ejemplares a 8.000. Llegamos a ser un “modelo” para otras Diócesis, y como ya estábamos grandes se vio la conveniencia de crear la Radio Buena Nueva, e incluso soñamos con un canal de TV.
Se incorporó al equipo el corresponsal Beto Alarcón, que creció hasta llegar a ser Director y después Sacerdote. Más adelante contamos con la colaboración de la periodista Soledad Bravo a tiempo completo; y más tarde llegó María Isabel Jorquera, que dio paso, en la dirección, a Yasna Rebolledo. En secretaría y distribución estuvo Carmen Gloria Donoso, que falleció el año pasado; Carlos Vega, Vilma Hernández, Ricardo Miranda, Jorge Norambuena y Norita Gallardo.
Aparecer ininterrumpidamente todos los primeros miércoles de cada mes ha sido una tarea gigantesca. En cada ocasión “los duendes” se han encargado de poner más de un obstáculo, pero también el Espíritu Santo ha sido el gran motor de BUENA NUEVA. Afortunadamente don Tomislav ha continuado alimentando y animando este medio de comunicación.
En muchas ocasiones hemos recibido críticas que nos han ayudado a mejorar este servicio. A veces las han expresado casi con violencia, pero en el fondo indicando interés y amor a la Iglesia. Lo más grave han sido los paquetes que han quedado amontonados en alguna oficina. Se los hemos pasado a las Hnas. de la Consolación para las misiones. Ellas se merecen un reconocimiento especial. Pero hay que ser justos: la mayoría de los Párrocos, Religiosas y Agentes Pastorales se han puesto la camiseta con nuestro periódico y eso ha permitido llegar a cumplir los 40 años.
BUENA NUEVA es la obra de miles de personas. Doy gracias a Dios porque nos regala esta Iglesia Viva en que todos podemos participar aportando nuestro granito de arena. Algunos vamos haciéndonos viejos y ya no podemos trabajar tanto, pero seguimos intentando ser constructores de comunión. Que los que ya pasaron estén en el Cielo, y para los que quedamos: ¡Muchas Bendiciones!

+ Pbro. Silvio Jara Ramírez
Primer Director

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